Sobre el Sitio


Copán
Por Ricardo Agurcia Fasquelle

Investigaciones en Copán
Temprano en los 1900, el arqueólogo Sylvanus Morley llamó a Copán “la Atenas del Nuevo Mundo,” en reconocimiento a su impresionante escultura y arquitectura. En 1980, la UNESCO estuvo de acuerdo con Morley al designar a Copán un Sitio de Patrimonio Mundial.

Copán ha sido el foco de numerosas expediciones de exploración e investigación. Comenzando en 1576, los exploradores han llegado para investigar historias de reinos antiguos envueltos en junglas. Bellas reproducciones y teorías novelescas han abundado; pero, hasta que comenzaron las exploraciones científicas, tarde en los 1880, poco se pudo averiguar acerca de los constructores de estos reinos antiguos.

Equipos de británicos y de norteamericanos dominaron el campo hasta los 1950 cuando el gobierno de Honduras comenzó a proporcionar fondos para la investigación. El interés en Copán ha continuado más o menos ininterrumpido desde los 1880 debido no sólo a la calidad de la escultura y a la grandiosidad arquitectónica de los monumentos, sino también a la belleza general y al atractivo del valle, del clima y del pueblo.

El Sitio
El Sitio Arqueológico de Copán lo componen tres elementos mayores: el Grupo Principal, la zona residencial al suroeste El Bosque y la zona residencial al noreste Las Sepulturas. El Grupo Principal fue el centro político, cívico y religioso de la vida antigua de Copán. El Bosque y Las Sepulturas fueron dos vecindades elegantes, conectadas al Grupo Principal por caminos empedrados antiguos.

Grupo Principal
El majestuoso Grupo Principal—hoy día envuelto en un manto de gigantescos árboles—se compone de la Gran Plaza y de la Acrópolis. Ambas pueden subdividirse en elementos arquitectónicos más pequeños: patios rectangulares rodeados de plataformas piramidales y de edificios. Tanto la Gran Plaza como la Acrópolis reflejan enormes cantidades de trabajo: aquélla por sus más de tres hectáreas de terreno nivelado artificialmente (originalmente pavimentado con estuco blanco) y ésta por su masa que se eleva más de 30 metros sobre el nivel del suelo.

La Gran Plaza
La Gran Plaza, tal como el nombre lo implica, consiste de espacios grandes y abiertos. Los dos caminos empedrados principales se unen en esta plaza. Es muy posible que esta plaza fue escenario de eventos públicos impresionantes, ya que posiblemente pudo albergar unas 20,000 personas a la vez. En su extremo norte, la plaza está cerrada en tres lados por graderías que servían como asientos para grandes multitudes. En el centro de este teatro abierto, hay siete estelas y once altares, formando uno de los jardines escultóricos más hermosos del mundo antiguo.

Investigaciones por estudiosos de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras han demostrado que las estelas y los altares servían como gigantescos relojes solares y marcadores de posición, mientras que las líneas de la plaza misma servían como una arena para ceremonias de gran escala, asociadas con la observación solar. Los eventos solares principales que aquí se celebraban registraban el movimiento cíclico del sol: solsticios, equinoccios y pasos del sol por el cenit.

Campo de Pelota
En el extremo sur de la Gran Plaza, existe otro tipo de teatro. La actuación aquí era el deporte. Asientos íntimos en el lado norte quizá reflejen costo o rango del espectador; en el lado sur, una terraza enorme se eleva hasta la Acrópolis, acomodando a cienes de
fanáticos. Tal como todavía se juega en algunas pocas partes de Mesoamérica, el antiguo juego de pelota se jugaba con una importancia ritual, algunas veces haciendo héroes tanto de reyes como de cautivos.

Acropólis
En contraste con la Gran Plaza, la Acrópolis es un área privada con acceso restringido y espacios abiertos reducidos. La Acrópolis fue el asiento del poder político y religioso, la residencia real y las oficinas del gobernante y de su corte Arquitectónicamente, la Acrópolis se compone de dos patios rectangulares: el Patio Oriental (o de los Jaguares) y el Patio Occidental. Entre los dos patios y en el centro de la acrópolis, está el Templo 16, bajo el cual está enterrado Rosalila.

Nace una Dinastía
El período clásico comienza en Copán alrededor del año 400 d.C. y está marcado por una fuerte imposición de tradiciones mayas. Estas tradiciones llegaron a Copán desde las tierras mayas al norte y al oeste y muy seguramente vinieron a Copán con el primer gobernante de la dinastía: K’inich Yax K’uk Mo’.

Antes de esta influencia maya, muchos de los asentamientos en el Valle de Copán se encontraban en tierra alta, en posiciones defensivas. Arqueológicamente, parece que había mucha fragmentación política durante este tiempo y las guerras eran frecuentes. Un gobernante representando centros mayas hacia el oeste vino a este valle y cambió la historia de esta región para siempre.

Mientras los arqueólogos recogen información desde muchas fuentes, una pieza muy importante para entender la historia de Copán es el Altar Q. Fue comisionado por el décimo sexto gobernante, Yax Pasah, en el año 775 d.C. y se ha convertido en un documento histórico muy importante para los mayistas. En él aparecen esculpidos los 16 gobernantes de Copán, todos sentados sobre los jeroglíficos de sus nombres y en su orden dinástico. En frente del altar, Yax Pasah recibe el bastón de gobernante del fundador de la dinastía, K’inich Yax K’uk Mo’ y, al hacer esto, Yax Pasah proclama la legitimación de su reino.

Sobre el altar, que ve hacia arriba y es legible solamente desde las gradas del Templo 16, un texto jeroglífico narra la llegada del fundador de Copán y el establecimiento de su dinastía en el año 426 d.C. El texto termina describiendo la dedicación del “altar de K’inich Yax K’uk Mo’” por Yax Pasah en el año 775 d.C.

La pregunta sobre los orígenes de este gran líder de occidente continúa siendo objeto de debate. El Dr. Robert Sharer, respetado arqueólogo de la Universidad de Pensilvania, dirigió la mayoría de las excavaciones bajo el Patio Oriental de la Acrópolis. El cree que la tumba que él descubrió en los niveles más tempranos de excavación, contenía los restos de K’inich Yax K’uk Mo’. Los contenidos de la tumba, los resultados de los análisis de los huesos y de los dientes, la secuencia de construcciones en este eje sagrado y central y el énfasis iconográfico claro que se le da a la veneración de este ancestro le dan gran peso al punto de vista de Sharer.

Es posible que K’inich Yax K’uk Mo’ llegó a Copán como el representante de una sociedad compleja con una organización social y política avanzada, con interés en extender hacia el este sus intereses políticos y comerciales. En esta región atractiva y montañosa, con riachuelos de agua fresca y un valle riverino fértil, él encontró grupos de no-mayas, fragmentados y en pugna.

Localizado en el lado oriental del territorio maya, Copán estaba bien ubicado para ofrecer acceso hacia las rutas mayores de comercio que suplían los ricos recursos provenientes del centro de Honduras y de la costa del Pacífico de El Salvador. Controlando esta región, los estados mayas tendrían mejor control sobre fuentes importantes de jade, cacao, algodón, obsidiana, plumas exóticas de aves y otros productos considerados de gran valor.

K’inich Yax K’uk Mo’ pudo establecer alianzas militares y políticas con los líderes de los asentamientos fraccionados del Valle de Copán, incluyendo su casamiento con una mujer local de alto rango. La tumba de esta señora está muy cerca de la de K’inich Yax K’uk Mo’ y es la tumba real más impresionante que se haya encontrado en Copán. Quizá reforzado con la ayuda militar de un estado relacionado con Teotihuacán, K’inich Yax K’uk Mo’ logró estabilidad, paz y prosperidad para la región. Su llegada marcó el comienzo de una dinastía real que prosperaría durante cuatrocientos años.

Historia de Asentamiento y Colapso

Investigación arqueológica intensiva sobre asentamientos de población demuestra que el crecimiento poblacional fue gradual durante la parte temprana de la dinastía. Bajo el gobierno de un solo linaje real, K’inich Yax K’uk Mo’ unificó la sociedad que él encontró.

Introdujo la escritura jeroglífica y comisionó edificios monumentales, vibrantemente pintados, cargados de iconografía compleja. La ciudad fue creciendo progresivamente en tamaño y diversidad durante los siguientes cuatrocientos años, formando un estado que jugó un papel estelar en la historia maya y ejerció influencia sobre una extensa área. Estudios sobre los asentamientos residenciales estiman una población de 27,500 habitantes hacia finales del siglo octavo d.C.

Durante sus últimas décadas, la ciudad y el Valle de Copán experimentaron un crecimiento demográfico sin precedentes, acompañado de la intensificación de sistemas de agricultura y la aceleración de la degradación del ambiente. Arqueólogos y paleo-ecólogos han encontrado evidencia dramática que la creciente población comenzó a ocupar y a trabajar tierras marginales, aumentando así la deforestación y la erosión.

El impacto de este proceso fue severo en la población humana. Los antropólogos físicos han demostrado que los esqueletos de esta época tuvieron un promedio de vida más bajo y sufrieron malnutrición y enfermedades. Habiendo destruido su valle y sin poder alimentarse, la ciudad fue finalmente abandonada. El último monumento esculpido es del año 822 d.C.

Durante los pocos siglos siguientes, el paisaje se restableció lentamente. Ya sin ninguna población humana significativa, se recuperó y se había convertido en un valle exuberante y boscoso para la llegada de los primeros exploradores europeos en el Siglo XVI.

Hoy, Copán florece de nuevo. Pero esta vez como la atracción turística cultural principal de Honduras. Después de tres décadas de inversión en investigación, conservación e infraestructura básica para la industria del turismo, Copán sirve como un modelo en el mundo maya para el desarrollo sostenible de un sitio arqueológico y es una fuente de orgullo para la gente de Honduras.

Ricardo Agurcia Fasquelle
2004